El gran reto en el mundo
de la enseñanza de hoy, es contar con nuevos planteamientos y con
profesores competentes para los mismos.
Ante toda esta dinámica,
el sistema educativo tiene un reto muy importante: Cuestionarse a si
mismo, repensar sus principios y objetivos, reinventar sus
metodologías docentes y sus sistemas organizacionales.
Tambien replantear el
concepto de la relación alumno-profesor y el proceso de aprendizaje
y los contenidos curriculares, además, revisar con juicio crítico
los modelos mentales que han inspirado el desarrollo de los sistemas
educativos.
Pero lo que se necesita
actualmente son modelos dinámicos, susceptibles de servir en un
sistema en constante movimiento, contemplando los cambios, siempre,
de una manera apropiada para el aprendizaje que forme la educación
para la vida, o para “aprender a ser, a hacer, a vivir, y a
convivir .
El cambio debe ser una
reconversión de los centros educativos, un cambio de actitudes y de
planteamientos por parte de los educadores en el empeño responsable
con sus alumnos. Asi la clave está en establecer de este
replanteamiento un sentido y aportación en el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Se está poniendo en evidencia
una situación de crisis en los modelos que sustentan tanto la
formación como la proyección profesional de los formadores. Las
variaciones de conocimiento científico y de las estructuras sociales
y culturales se están produciendo a un ritmo tan acelerado, que no
están dando tiempo a la búsqueda y asentamiento de nuevos modelos y
concepciones del entramado educativo. Este ritmo acelerado hace poco
viables los planteamientos analíticos y prospectivos, por tanto lo
que se necesita actualmente son modelos dinámicos, susceptibles de
servir en un sistema en constante movimiento, contemplando los
cambios, siempre, de una manera total. Nos enfrentamos a un nuevo
marco teleológico que exige nuevos modelos pedagógicos.
Uno de los grandes retos
para la educación del siglo XXI, son las Nuevas Tecnologías de la
Información y la Comunicación, las cuales representan nuevos modos
de expresión, y por tanto, nuevos modelos de participación y
recreación cultural sobre la base de un nuevo concepto de
alfabetización. La clave está en establecer su sentido y aportación
en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
El uso de los medios de
comunicación e información y las nuevas tecnologías en las
prácticas pedagógicas es un recurso indispensable para desarrollar
nuevas competencias en los estudiantes y acercarlos a las dinámicas
del mundo contemporáneo. De ahí que, la Revolución Educativa se
proponga mejorar los aprendizajes fomentando el uso de los medios
electrónicos, la televisión, la radio, el cine, el video y el
impreso en el aula de clase. Porque el reto es pasar de la enseñanza
al aprendizaje y emplear los medios y las nuevas tecnologías al
servicio de un nuevo modelo de aprendizaje. No se trata solamente de
incorporar la tecnología como recurso para promover la educación o
el desarrollo; son nuestra propia visión y acción educativas las
que marcan la diferencia. En este sentido, maestros y maestras son
estratégicos en el proceso.
Hay que aplicar en el
aula las ventajas que ofrecen cada uno de los medios de comunicación
e información en estos nuevos procesos de enseñanza-aprendizaje.
Estamos ante el gran logro tecnológico de fines del siglo XX: la
multimedialidad. En la llamada sociedad del conocimiento, de la
revolución digital o de la era de las redes hay que sacar el mayor
provecho a la integración de los distintos medios. Ya que vivimos un
cambio fundamental en todos los aspectos de nuestras vidas. Y desde
el punto de vista educativo, maestros y maestras tienen que asumir
los desafíos del cambio y entender que los jóvenes perciben de otra
forma, relacionada con la transformación definitiva de los medios
tradicionales (impresos, radio y televisión) y la penetración de
las nuevas tecnologías.
Por tanto a nuevas
ignorancias hay que responder con nuevas alfabetizaciones. Y eso
supone preguntarnos por el aprendizaje y la convivencia en un mundo
globalizado. La exigencia es aprender a seguir aprendiendo y saber
hacer con los nuevos recursos y aprendizajes en esta sociedad del
conocimiento.
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