lunes, 27 de agosto de 2012

¿Cuál es el compromiso mayor que debe interpretar hoy en día la universidad? - María Zunilda Fleitas Villalba

¿Cuál es el compromiso mayor que debe interpretar hoy en día la universidad?
Antes que nada en nuestro país resulta necesario un financiamiento que asegure el desarrollo de la universidad pública como sucede con otros países de América Latina. Pero es igualmente urgente recuperar y asegurar la calidad académica, tanto en la docencia, investigación como la proyección a la comunidad. Pero un financiamiento adecuado y un proceso de aseguramiento de la calidad deben sustentarse en un gobierno eficiente y eficaz de la universidad. Si bien es ciertos numerosos proyectos de ley se han presentado en el Congreso de la República, pero ninguno propone algún cambio importante a nivel del financiamiento presupuestal, la búsqueda de calidad y de un gobierno eficiente y eficaz, ni siquiera existe la propuesta de un único organismo de control de calidad de los egresados de las distintas universidades. Esto debe cambiar para que la universidad encuentre de nuevo el camino de la recuperación y desarrollo, sin que cambie su carácter público ni democrático, sino más bien elevando a un nivel más alto la noción de educación superior como bien público y gestión eficiente y responsable.
En la actualidad resulta oportuno, plantear la relación entre la Universidad- Estado-Sociedad, pues de esta manera se puede evidenciar que la universidad tiene una función social, que influye y transforma su entorno, es decir, es un auténtico factor de transformación social, y que por lo tanto, según sea el fin que se proponga, ayudará a construir una sociedad con unas determinadas características. Se debe aceptar que hoy en día el trabajo de la universidad va más allá de sus funciones tradicionales de docencia, investigación y extensión. Ella puede además llegar a influir poderosamente en los modelos y en las orientaciones del desarrollo económico e industrial, social y cultural de las regiones donde está inserta. (Martínez, 2000).
Atendiendo a estas consideraciones, los cambios generados en la sociedad, motivados por fenómenos como la globalización, presentan una realidad caracterizada por una altísima complejidad que amerita ser abordada con una visión holística. Las transformaciones que deberán producirse para lograr el progreso y desarrollo de la sociedad se fundamentan en el recurso organizacional más importante que es el conocimiento. (Tunnermann, C., 2000). No en vano las organizaciones modernas están rompiendo totalmente con los viejos moldes tradicionales, pues las organizaciones enfocan cada vez más sus energías, tiempo y recursos a lo que tiene más valor; su activo intangible que les proporciona inteligencia competitiva, en ese sentido cobra importancia el capital intelectual con que cuentan, pues ella señala una nueva manera de pensar y actuar. Así se irá privilegiando los servicios que se prestan, y el trabajador del conocimientos aumentara cada vez más el valor agregado de la producción al incorporar inteligencia y no capital físico a las empresas, por lo que será requerido constante capitación y aprendizaje, pues la innovación constante será un factor crítico de éxito o supervivencia de las organizaciones, por lo que necesariamente la visión de las universidades debe actualizarse a fin de ajustarse a esas realidades, formando profesionales idóneos con las competencias requeridas para hacer frente a esas nuevas exigencias. Las universidades tienen como misión la generación y difusión de conocimientos para de esa manera poder cumplir la función social que se les ha encomendado. En atención a ello se requiere que las instituciones de educación superior inicien un proceso de cambio institucional para estar en sintonía con los cambios que han originado esta nueva época.
Así, el contexto que identifica a cualquier institución de educación superior está caracterizado por un entorno complejo, donde el cambio ha sido lo permanente. A éste respecto, (Stoner, 1995), plantea que las organizaciones emprenden programas de cambio al menos por tres razones: a) Los cambios en el entorno amenazan la sobrevivencia de la organización, b) Los cambios en el entorno ofrecen nuevas oportunidades para progresar y, c) La estructura y forma de funcionamiento de la organización está retrasando su adaptación a los cambios del entorno. Es necesario pensar filosóficamente en el cambio y el desarrollo, ya que sin comprender por qué, ni con qué propósito se inicia un proceso de cambio, faltarán criterios para saber si se está conduciendo hacia un fin determinado, y faltarán argumentos para convencer a otros de que el esfuerzo es necesario y relevante, al observar muchos de los procesos de cambio institucional en América Latina, pareciera que el cambio, que solo es un medio, se ha transformado en un fin en sí mismo. Por eso la universidad debe cambiar: para ser más eficientes, para ser más competitivas, para mejorar la calidad, para hacer la reingeniería de su arquitectura organizacional o para hacer la planificación estratégica; en definitiva para reconstruir su relevancia en la sociedad, porque la sociedad está experimentando un cambio de época. El cambio en cuestión en la universidad, se percibe como una búsqueda de un equilibrio entre la coherencia interna y la correspondencia con lo que demanda el contexto, es decir conocer cuánto se corresponde el discurso universitario con la acción, ya que no se puede asumir una posición de indiferencia ante los crecientes problemas que están afectando a la humanidad, siendo las organizaciones empresariales, los profesionales, el estado y las entidades educativas las que deben asumir una posición de liderazgo para combatir estos flagelos. Por muy afectado que se éste, es hora de replantear la responsabilidad social de todos los entes involucrados en todas sus dimensiones, pues de no hacerlo, para ella misma y para toda la sociedad, será tomar palco para ser testigos de nuestro propio entierro. Son los padres de familia, los maestros de colegios y escuelas, las universidades, los gremios empresariales, los gobiernos territoriales, el estado, la misma iglesia y todas aquellas personas y organizaciones que de alguna forma inciden hoy en el mañana, los llamados a asumir un liderazgo con una posición ética, moral y de responsabilidad. Todo esto se resume en que las Universidades no pueden permanecer indiferente a su cuota parte de responsabilidad social en la formación de líderes, profesionales capaces con solida formación en valores, competencias y conocimientos, con una conciencia crítica innovadora, creativa y comprometida con su país, su cultura, su costumbre con su idiosincrasia, para sentirse orgulloso de ser un paraguayo útil a su país, a su comunidad y a su familia, de esta forma las universidades cumplirán un rol importantísimo en el desarrollo y tendrá participación directa en el bienestar y progreso de sus egresados y de su entorno.-

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