¿Cuál
es el compromiso mayor que debe interpretar hoy en día la
universidad?
Antes
que nada en nuestro país resulta necesario un financiamiento que
asegure el desarrollo de la universidad pública como sucede con
otros países de América Latina. Pero es igualmente urgente
recuperar y asegurar la calidad académica, tanto en la docencia,
investigación como la proyección a la comunidad. Pero un
financiamiento adecuado y un proceso de aseguramiento de la calidad
deben sustentarse en un gobierno eficiente y eficaz de la
universidad. Si bien es ciertos numerosos
proyectos de ley se han presentado en el Congreso de la República,
pero ninguno propone algún cambio importante a nivel del
financiamiento presupuestal, la búsqueda de calidad y de un gobierno
eficiente y eficaz, ni siquiera existe la propuesta de un único
organismo de control de calidad de los egresados de las distintas
universidades. Esto debe cambiar para que la universidad encuentre
de nuevo el camino de la recuperación y desarrollo, sin que cambie
su carácter público ni democrático, sino más bien elevando a un
nivel más alto la noción de educación superior como bien público
y gestión eficiente y responsable.
En
la actualidad resulta oportuno, plantear la relación entre la
Universidad- Estado-Sociedad, pues de esta manera se puede evidenciar
que la universidad tiene una función social, que influye y
transforma su entorno, es decir, es un auténtico factor de
transformación social, y que por lo tanto, según sea el fin que se
proponga, ayudará a construir una sociedad con unas determinadas
características. Se
debe aceptar que hoy en día el trabajo de la universidad va más
allá de sus funciones tradicionales de docencia, investigación y
extensión. Ella puede además llegar a influir poderosamente en los
modelos y en las orientaciones del desarrollo económico e
industrial, social y cultural de las regiones donde está inserta.
(Martínez, 2000).
Atendiendo
a estas consideraciones, los cambios generados en la sociedad,
motivados por fenómenos como la globalización, presentan una
realidad caracterizada por una altísima complejidad que amerita ser
abordada con una visión holística. Las transformaciones que deberán
producirse para lograr el progreso y desarrollo de la sociedad se
fundamentan en el recurso organizacional más importante que es el
conocimiento. (Tunnermann, C., 2000). No en vano las organizaciones
modernas están rompiendo totalmente con los viejos moldes
tradicionales, pues las organizaciones enfocan cada vez más sus
energías, tiempo y recursos a lo que tiene más valor; su activo
intangible que les proporciona inteligencia competitiva, en ese
sentido cobra importancia el capital intelectual con que cuentan,
pues ella señala una nueva manera de pensar y actuar. Así se irá
privilegiando los servicios que se prestan, y el trabajador del
conocimientos aumentara cada vez más el valor agregado de la
producción al incorporar inteligencia y no capital físico a las
empresas, por lo que será requerido constante capitación y
aprendizaje, pues la innovación constante será un factor crítico
de éxito o supervivencia de las organizaciones, por lo que
necesariamente la visión de las universidades debe actualizarse a
fin de ajustarse a esas realidades, formando profesionales idóneos
con las competencias requeridas para hacer frente a esas nuevas
exigencias. Las universidades tienen como misión la generación y
difusión de conocimientos para de esa manera poder cumplir la
función social que se les ha encomendado. En atención a ello se
requiere que las instituciones de educación superior inicien un
proceso de cambio institucional para estar en sintonía con los
cambios que han originado esta nueva época.
Así,
el contexto que identifica a cualquier institución de educación
superior está caracterizado por un entorno complejo, donde el cambio
ha sido lo permanente. A éste respecto, (Stoner, 1995), plantea que
las organizaciones emprenden programas de cambio al menos por tres
razones: a) Los cambios en el entorno amenazan la sobrevivencia de la
organización, b) Los cambios en el entorno ofrecen nuevas
oportunidades para progresar y, c) La estructura y forma de
funcionamiento de la organización está retrasando su adaptación a
los cambios del entorno. Es necesario pensar filosóficamente en el
cambio y el desarrollo, ya que sin comprender por qué, ni con qué
propósito se inicia un proceso de cambio, faltarán criterios para
saber si se está conduciendo hacia un fin determinado, y faltarán
argumentos para convencer a otros de que el esfuerzo es necesario y
relevante, al observar muchos de los procesos de cambio
institucional en América Latina, pareciera que el cambio, que solo
es un medio, se ha transformado en un fin en sí mismo. Por eso la
universidad debe cambiar: para ser más eficientes, para ser más
competitivas, para mejorar la calidad, para hacer la reingeniería de
su arquitectura organizacional o para hacer la planificación
estratégica; en definitiva para reconstruir su relevancia en la
sociedad, porque la sociedad está experimentando un cambio de época.
El cambio en cuestión en la universidad, se percibe como una
búsqueda de un equilibrio entre la coherencia interna y la
correspondencia con lo que demanda el contexto, es decir conocer
cuánto se corresponde el discurso universitario con la acción, ya
que no se puede asumir una posición de indiferencia ante los
crecientes problemas que están afectando a la humanidad, siendo las
organizaciones empresariales, los profesionales, el estado y las
entidades educativas las que deben asumir una posición de liderazgo
para combatir estos flagelos. Por muy afectado que se éste, es hora
de replantear la responsabilidad social de todos los entes
involucrados en todas sus dimensiones, pues de no hacerlo, para ella
misma y para toda la sociedad, será tomar palco para ser testigos de
nuestro propio entierro. Son los padres de familia, los maestros de
colegios y escuelas, las universidades, los gremios empresariales,
los gobiernos territoriales, el estado, la misma iglesia y todas
aquellas personas y organizaciones que de alguna forma inciden hoy en
el mañana, los llamados a asumir un liderazgo con una posición
ética, moral y de responsabilidad. Todo esto se resume en que las
Universidades no pueden permanecer indiferente a su cuota parte de
responsabilidad social en la formación de líderes, profesionales
capaces con solida formación en valores, competencias y
conocimientos, con una conciencia crítica innovadora, creativa y
comprometida con su país, su cultura, su costumbre con su
idiosincrasia, para sentirse orgulloso de ser un paraguayo útil a
su país, a su comunidad y a su familia, de esta forma las
universidades cumplirán un rol importantísimo en el desarrollo y
tendrá participación directa en el bienestar y progreso de sus
egresados y de su entorno.-
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