lunes, 27 de agosto de 2012

Trabajo Final - Guillermo Gonzalez Groff

En el trabajo anterior, ante la pregunta: ¿Cuál es el compromiso mayor que tiene que interpretar la universidad hoy en día?, la respuesta que encontré más acertada, fue la de enseñar a pensar, no “qué” pensar (enseñar “qué” pensar es propio de un sistema tiránico); a concebir ideas propias, dejando de lado las concepciones equivocadas, que en la mayoría de las ocasiones no se ajustan a nuestra realidad como paraguayos.
Consideré que el compromiso mayor de la universidad hoy en día consiste en ayudar a la revolución mental de los jóvenes, trayendo esa revolución la capacidad de desafiar al sistema y con ello ayudar a un devenir más acorde al sentimiento de superación y bienestar que tenemos todos.
En las universidades de hoy, en vez de permitir a los alumnos crecer y concebir ideas propias, o por lo menos criticar y comprender las ideas esbozadas por otros, se los estructuraliza, se los encuadra dentro de lo que debe ser, o de lo que deben aprender de la materia, no importando nada más que eso, dejando a los alumnos a la deriva en cuanto a demás conocimientos. En gran medida, la responsabilidad de tamaña aberración recae de forma exclusiva en los profesores y en la propia Universidad.
Ahora bien, ¿están los profesores universitarios preparados para tomar el rol que hoy le impone la historia, la necesidad de sacar a un país adelante, cultivando la mente de un joven con ideas revolucionarias, propias y puras?
Sin dudas la respuesta es monosilábica, NO!
Entonces, ¿cómo pensar siquiera en comenzar una revolución educativa a nivel terciario, si la mayoría de los profesores quienes son los encargados de cultivar las ideas revolucionarias no están preparados?
¿Cómo pretender sacar adelante a un país, sabiendo que el conocimiento es el mayor commodity a nivel mundial (2/3 de la riqueza a nivel mundial es hoy conocimiento), si los profesores mismos no son capaces de ver más allá de los conceptos propios de su materia, teniendo una miopía conceptual?
Al plantearnos estas preguntas es sin duda donde nace la necesidad de una AUTOCRITICA DOCENTE. La autocrítica entendida como la capacidad de distinguir los propios defectos y de, enfrentándolos, proponerse como fin último de la docencia, superarse a sí mismo, para que éstos no se sigan repitiendo. Es la capacidad de auto evaluarse y de ser sincero con uno mismo, admitiendo que nadie es superior a los demás y que todos tenemos errores, imponerse y superar obstáculos es donde radica el centro de la autocrítica y deseo de superación, por lo que debemos esforzarnos para ser mejores y así, con la autocrítica, se puede ir madurando cada día más.
Esa capacidad de reconocer los errores, las falencias y de repararlos con una constante educación, con autoevaluaciones, con autogestión, es sin duda el inicio de la larga travesía por la que deben pasar los profesores a fin de situarse en el lugar que hoy la historia les impone.
No puede un educador universitario, encargado de cultivar mentes lozanas, presentarse ante los jóvenes con una clase rígida, estructurada, acartonada, limitada a conceptos básicos de su materia, sin tomar importancia del vacío mental en el que encuentran y probablemente estén dejando en sus alumnos.
Ahora bien, una vez que tengamos a los profesores universitarios listos para enfrentar el desafío de cultivar mentes jóvenes, una vez que la AUTOCRÍTICA DOCENTE sea una constante en todas las universidades del país y que se tenga zanjada esta deficiencia, nacen nuevas interrogantes:
¿Qué van a estudiar los jóvenes? ¿Cuáles deberían ser las carreras a abrirse próximamente? ¿Cuáles son las carreras ya existentes que necesitan una mayor inversión, intervención, infraestructura, mayor ayuda con investigaciones científicas?
En ese contexto de ideas, se gesta necesariamente la imperiosa necesidad de tener UNIVERSIDADES CON MIRADAS MAS REALISTAS DE LA SOCIEDAD.
No es un secreto que las universidades, a más de ser en su gran mayoría elitistas, tienen una mirada hacia la sociedad que no se ajustan con la nuestra realidad diaria.
Las materias que se desarrollan en las aulas universitarias en su gran mayoría son propias de otras épocas o de otras culturas que, al no adecuarse a la nuestra, a nuestro tiempo, necesariamente devienen inservibles, infecundas.
Si desde la universidad no se otorga el apoyo, y no se gestiona la creación de carreras que sean propias para el desarrollo nacional o que estén dirigidas a ayudar al crecimiento de las industrias ya establecidas en nuestro país, evidentemente se está dejando de lado el enorme poder del conocimiento, que, en vez de ser aplicado a nuestra realidad, en algunos casos simplemente se lo exporta.
La universidad debe ser el lugar donde bullan las ideas, el semillero de las élites que propongan soluciones razonables para los problemas de siempre.
La absoluta desconexión del mundo académico con el mundo real convierte todo el proceso de la educación superior en un mero trámite administrativo para la provisión de un certificado, que apenas garantiza que su portador abonó en tiempo y forma todas sus cuotas (Luis Bareiro, Domingo 05 Agosto 2012, Blogs UltimaHora.com)
Si la universidad no se enfoca en nuestra realidad social, teniendo una idea conteste con lo que pasa día a día nuestro país, pasa de ser un lugar donde pueden solucionarse nuestros problemas a ser, en algunos casos, una simple productora de bienes para exportación, o en su defecto, profesionales mediocres.
El día en que la universidad tome en cuenta que el rol principal que tienen que cumplirse en sus aulas es la revolución mental, la capacidad de hacer nacer en los jóvenes las ideas propias, la capacidad de la crítica constructiva, que tengan una visión más realista de la sociedad, enfocando las carreras y las investigaciones científicas hacia la solución de problemas cotidianos y nuestros, y que los profesores universitarios tengan la autocrítica docente como una constante mínima para poder cultivar mentes fértiles, recién ese día podremos señalar como el inicio de la revolución educativa en Paraguay.
Revolución educativa que no solo se hace necesaria, sino que se constituye en el único camino a seguir para construir un país pujante, con visión de futuro, el país en el que nos merecemos vivir.
Sin embargo, debemos ser conscientes que este proceso de revolución educativa será un proceso de mediano plazo, debiendo desde ahora imponerse, tanto desde el Estado, como desde las propias cúpulas universitarias, las políticas educativas necesarias que propicien la investigación científica para la solución de problemas cotidianos, apoyados por una fuerte inversión económica.


Guillermo González Groff
CI 3.276.096


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